Jim Bridwell, el pájaro de Yosemite

Jim Bridwell es todo lo contrario a lo que hoy se entiende por un deportista de élite.
Desordenado, caótico, vividor y un auténtico hippy. Aún así, uno de los mejores escaladores que han existido nunca. Hacemos un pequeño repaso a la trayectoria de “el pájaro”

Jim Bridwell es todo lo contrario a lo que hoy se entiende por un deportista de élite.
Desordenado, caótico, vividor y un auténtico hippy. Aún así, uno de los mejores escaladores que han existido nunca. Hacemos un pequeño repaso a la trayectoria de “el pájaro”

Bridwell pertenece a una generación de escaladores americanos que se dedicaron básicamente a escalar y a la buena vida en el mítico campo 4 de Yosemite. Era el espíritu de los comienzos, donde quedaba todavía mucho por hacer y por descubrir.
No mencionaremos su año de nacimiento, entre otras cosas porque no tiene ninguna importancia.

El joven Jim aterrizó en Yosemite en los años 60, con apenas 14 años. Su estrategia de acoso y derribo a los grupos de escaladores le fue abriendo un hueco entre ellos, y además, podemos decir que llegó al lugar oportuno, en el momento oportuno. Escaladas ya muchas de las cimas míticas, se empezaba a hablar de los itinerarios de dificultad, y más tímidamente de la escalada en libre.
A mediados de los 60 fue adquiriendo experiencia en vías de diversa dificultad y longitud, pero sobre todo, aprendió a moverse rápido. Junto con Frank Sacherer, formó la cordada más puntera y atrevida de la época, llegando a liberar antiguas vías de artificial de los clásicos Robbins y Jardine de hasta 6a+, que era lo más difícil escalado hasta el momento.(North Buttres)
Se cuenta que en el campo 4, al atardecer se reunía toda la comunidad escaladora del valle para ver saber que vía habían liberado ese día Jim y Frank…

Por eso, no es de extrañar que a finales de los 60, la tienda de campaña de Bridwell en el Camp 4 fuera un lugar de fiesta continua, que además gozaba de privilegios como luz eléctrica (por supuesto robada a las instalaciones del parque), un tocadiscos y suministro de toda clase de sustancias alcohólicas y alteradoras de la consciencia. El gran robo del suministro eléctrico a la caseta de guardas del parque lo relata Bridwell con gran ironía en un capítulo de su libro Historias de escalada, (totalmente recomendable). Todo esto, unido al inevitable magnetismo hippy de Bridwell y sus compañeros, les convirtieron durante años en los reyes del valle de Yosemite.
Apodado “el pájaro” debido al juego de palabras de la palabra pájaro en inglés, bird, y su apellido, bridwell.

Pero no era mera cuestión de imagen. Bridwell era bueno de verdad.
Antes de que acabasen los años 60, ya había escalado infinidad de primeras en libre y primeras en el día a casi todas las paredes del valle, incluidas las Stovelegs Craks, fisuras del inicio de la Nose, como preparación exploratoria a lo que vendría después: el gran reto de la Nose en el día.

Su primera gran apertura en pared fue la Aquarian Wall, en 1971. Parte de sus problemas en esta vía vinieron de parte de los puristas, que no estaban de acuerdo en que “una vía cualquiera” tomase la consideración de “Wall”. Según ellos, esa coletilla solo debía aplicarse a las grandes tapias, y a las grandes clásicas. Pero a Bridwell las polémicas absurdas le importaban más bien poco, sólo estaba interesado en escalar.
Con el tiempo, todas las vías de Bridwell se han convertido en grandes clásicas; eso sí, sólo para aquellos con un nivel más que aceptable.
Aquarian Wall fue graduada A4, no está mal para la primera vez…
A partir de aquí, todo fue audacia e investigación, ya que en la primera y más fructífera época del Big Wall de Bridwell, ni siquiera existían los friends o los fisureros tal y como hoy los conocemos.

Durante los siguientes cinco años, su único objetivo fue escalar, cada vez más alto y más difícil. Entre pared y pared, Bridwell y sus compañeros mataban el tiempo entrenando en los boulders o llevando a cabo temerarias carreras de coches por las retorcidas carreteras da acceso al parque. Sea cómo fuere, se convirtió en el referente indiscutible de la escalada de la época, aunque se mantuvo fuera del circuito comercial de patrocinadores y esponsors comerciales, lo que le permitió llevar la vida bohemia con la que siempre se sintió cómodo. De hecho, siempre ha mantenido que en su propio país no se ha reconocido el mérito ni la mitad de lo que los europeos lo hacían.

En 1975 llegó la gran ascensión, que le dio más fama si cabe. La Nose en el día, en menos de 15 horas, alternando el artificial y el libre, después de una buena planificación de la escalada y un equipo de compañeros a la altura del reto. Antes de su intento, se consideraba una empresa imposible.
De éste día es la histórica foto (foto 2) en la que se ve a Bridwell, Westbay y John Long a los pies del Capitán, con ropas de hippy y cigarros sospechosos colgando de sus bocas tras la escalada. Detrás, la mole del Capitan y la Nose, justo por el centro del muro.

Bridwell cuenta que, tras ver una foto de una expedición europea a la norte del Eiger, en la que los componentes del equipo posaban frente a la montaña perfectamente equipados con ropas de alpinismo idénticas, tuvieron la idea de escalar la Nose vestidos de hippys, para poner el contrapunto a la seriedad europea de la época, que consideraba el alpinismo como una noble y seria actividad en la que las payasadas quedaban totalmente descartadas. La vestimenta con la que los tres aparecen en la foto, es la que utilizaron para subir, y pone el contrapunto irónico a la foto de los europeos.
Aunque la foto es famosa, poca gente sabe el verdadero porqué del “posado” frente al Capitán.

Bridwell y sus compañeros subieron por la Nose como balas sin apenas incidencias, salvo la cara de asombro que se les quedó a los miembros de una cordada que vivaqueaba en la pared al verlos pasar por delante suyo a las seis de la mañana, vestidos con camisas de flores y sin más equipaje que una pequeña mochila para el tabaco y el agua. Como todos eran fumadores, a cigarro por reunión, la Nose exigía paquete y medio por cabeza, y este racionamiento era tan importante como el agua o la comida.

Ese año le quedó tiempo para la Pacific Ocean Wall, con cinco largos seguidos de A5 y una de las vías más difíciles del Capitan.
En el 76, da el salto la Patagonia, y se consagra como alpinista con ascensiones de calidad en el Cerro Torre, donde el tiempo poco tiene que ver con el soleado valle de California. No se conforma con ir allí y repetir las clásicas, sino que intenta a toda costa (y lo consigue) la apertura de nuevas vías de dificultad y compromiso.

1980 es el año en el que sube a las Jorasses y el Petit Capucin. Demuestra para los incrédulos que no es sólo el mejor del mundo en escalada artificial, sino que es capaz de afrontar cualquier reto. Un año después, otra gran clásica de tapia: Zenyatta Mondatta, cómo no, A5…
Hasta mediados de década, Bridwell seguirá con aperturas de dificultad en pared, se marchará al Pumori de 7.145 metros, donde -para variar- abre una nueva ruta; e incluso intentará el Everest. Sobre el techo del mundo, Bridwell ha declarado en más de una ocasión que no guarda buen recuerdo, “si no fuera la más alta, no iría nadie, no es ni de lejos la más bella y la roca es una porquería” El la llama “Neverest” , utilizando el juego de palabras de la palabra never, en inglés nunca.
Para cambiar de aires, cruza la selva de Borneo sufriendo calores extremos y ataques de mosquitos del tamaño de gorriones.
En el 88 volverá con éxito a Patagonia, y en el 92 escala la norte del Eiger, dentro de un programa humanitario en el que varias cordadas debían escalar la montaña simultáneamente por sus diferentes caras con un fin altruista y solidario.
Su compañera, una escaladora argentina bastante más joven que él, le hizo sudar más de la cuenta y sufrió un pequeño accidente debido a las famosas caídas de piedras de la pared que, sin embargo, no les impidió conquistar la cima.

También le picó el gusanillo del hielo, e incluso el del esquí, con descensos épicos a tumba abierta por las pistas de una estación americana a más de 60 km/h sin saber casi ni cómo frenar, ante el enfado del resto de los esquiadores allí presentes.
Hasta el año 2000, se ha mantenido muy en activo (Welcome to Afganistán es su última apertura en el Capitan en el año 2000), y nos sorprendió verle hace no mucho tiempo en la marcha anual de carácter familiar que la BBK (caja de ahorros de bizkaia) organiza al monte Pagasarri)

Bridwell y sus compañeros inventaron un sistema de graduación mucho más sencillo que el que usamos el resto de los mortales; se reduce a cuatro categorías:
NBD = No Big Deal. Artificial fácil sin peligros especialmente graves (A1/A2)
NTB = Not Too Bad. Artificial más o menos laborioso, que puede llevar su tiempo pero que no es verdaderamente peligroso si uno sabe lo que hace.
PDH = Pretty Damn Hard. Artificial difícil que requiere mucho tiempo. Protecciones de progresión difíciles de emplazar. Empieza a haber peligro.
DFU= Don´t Fuck Up. Artificial muy difícil que comporta caídas muy peligrosas y mortales en ocasiones.

Diseñó y fue el primero en utilizar infinidad de material de BigWall, cómo los famosos bird peaks (Foto 4), pequeños ganchos que son mitad RURP y mitad gancho clásico.

Jim Bridwell pudo pasar a la historia exclusivamente por su historial como escalador en roca y en artificial, méritos para ello los tiene sobrados. Aún así, su currículo como alpinista es envidiable, y siempre ha buscado la dificultad, la apertura de nuevas rutas y el compromiso en todas sus ascensiones.
Además es el último de una saga de alpinistas clásicos que ya ha desaparecido hoy en día. Fumaba, bebía, se emborrachaba y se mantenía al margen de revistas, portadas, subvenciones y patrocinadores comerciales. Era de los que subía por la mañana a la base de la vía con una buena resaca, fruto de la convivencia en el campo base con las otras expediciones la noche anterior. Vivió siempre al límite, con el dinero justo y haciendo milagros para pagarse las expediciones, pero siempre que viajó, lo hizo con libertad.

Era un hippy irreverente, pero era- y todavía lo es- un escalador y alpinista fuera de serie.
Por eso nos gusta tanto…

Publicaciones Similares