Walter Bonatti

“La montaña no es como los humanos. La montaña es sincera.”

Modélico, magnifico, y alpinista excepcional, lo fue absolutamente todo en el alpinismo. El mejor, el más valiente y el más creativo. Tiene al menos una vía en cada una de las paredes más salvajes y famosas del Mont Blanc (Angle, Brouillard, Freney, Dru y Jorasses) y a pesar de que se le critica i envidia a menudo a lo largo de su carrera por sus éxitos y por su aureola de divo de la escalada está considerado como el mejor alpinista de todos los tiempos. Personaje irrepetible e imprescindible conocer Walter Bonatti nació el 22 de junio de 1930 en el seno de una familia trabajadora en la elegante ciudad italiana de Bérgamo (Lombardia) aunque muy pronto abandonó las señoriales calles de la capital lombarda para trasladarse a Monza, donde creció marcado por la Segunda Guerra mundial y su fabuloso Alben, una pequeña cima que durante sus vacaciones estivales en Vertova de Valseriana alimentó sus ansias aventureras.

Físicamente un portento para el alpinismo, dio sus primeros pasos en las esbeltas agujas del Gringa, una pirámide rocosa al norte de Bergamo donde aprendió a proyectarse físicamente sobre la roca y adquirir la formación necesaria que le permitiese alcanzar sus sueños de alpinista. Esos que había imaginado junto a OggioniCasati y Barzaghi, sus amigos y en aquellos dias principiantes como él.

Sus primeras escaladas ya dejaron entrever su gran clase recorriendo clásicas que en aquellos años ocupaban los primeros puestos de la dificultad como la Directísima al Croz dell´Altissimo en el macizo de Brenta o la gigantesca pared noroeste del Piz Badile. A continuación vinieron la apertura de la pared suroeste de la siempre difícil Aiguille Noire de Peuterey con Emilio Villa y su gran amigo Andrea Oggioni y la escalada del celebre espolon “Walker” de las Jorasses en verano de 1949 pero el Bonatti alpinista necesitaba encontrar objetivos más ambiciosos en los que promocionar su voluntad creadora y una vez más su fina inteligencia encontró la solución al conseguir junto al turinés Luciano Ghigo la primera ascensión de la pared este del Grand Capucin, una pared hasta entonces tenida como imposible por su desmesurada verticalidad y en la que habían fracasado numerosas cordadas. Era julio de 1951 y Bonatti tenía 21 años.

Convertido ya en uno de los mejores alpinistas de Italia en 1952 cumplió con el servicio militar en un regimiento alpino en la hoy etilista Cortina d\’Ampezzo, unos meses que aprovechó intensamente para escalar y esquiar por las Dolomitas y otras zonas del territorio alpino italiano e iniciarse junto a Carlo Mauri, otro de los grandes, en las escaladas invernales. Fruto de ese periodo de actividad obsesiva surgen en invierno de 1953 las invernales de Lavaredo junto a Carlo Mauri; directísima a la pared norte de la Cima Ovest di Lavaredo y la pared norte de la Cima Grande aunque su variante directa semanas más tarde a la arista Fürgeen del Matterhorn con Roberto Bignani tambien obtuvo cierta notoriedad.

En 1954, con tan solo 23 años de edad, Bonatti participó en la expedición nacional italiana al K2. Bonatti no hizo cumbre y se vio obligado a vivaquear en el Hombro con Hunza Mahdi tras portear las pesadas bombonas de oxígeno para la cordada de cumbre. Las consecuencias de aquel célebre vivac, son conocidas por todos, el hunza Mahdi perdió varios dedos y de regreso a Italia se desencadenó una enconada polémica entre Bonatti y el Club Alpino Italiano que hoy 50 años después, todavía perdura y parece lejos de cerrarse. Bonatti acusa a Ladecelli y Compagnoni de abandonarles a su suerte y éstos a Bonatti de mentir.

Tuvo dudas y llegó a pensar en abandonar el alpinismo pero se repuso y es entonces cuando surge el gran Walter Bonatti que en agosto de 1955 cambió el rumbo del alpinismo apuntándose una de las escaladas más excepcionales de toda la historia; la primera al pilar suroeste del Petit Dru, una impresionante primera tras cinco días nadando entre diedros y placas de granito vertical en la más absoluta soledad y sin más ayuda que su audacia. Desde entonces este pilar del Dru, fácilmente reconocible desde el valle, es conocido como “Pilar Bonatti”.

Agrandado quizás por este gran éxito del Dru durante 1955 planea una expedición para intentar en estilo alpino y en solitario la segunda cima de la tierra, el K2, pero es entonces cuando la poderosa maquinaria alpina de Italia, temerosa de que un joven solitario logre la cumbre del K2 y empañe el triunfo nacional de 1954, se pone en funcionamiento y cierra todas las puertas al importante apoyo necesario para un proyecto de tanta envergadura y su sueño se desvanece. Quizás no lo hubiese conseguido, pero sería interesante preguntarse qué hubiera sucedido si Bonatti hubiese escalado el K2 solo y sin bombonas de oxígeno en cuyo caso hubiera reescrito toda la historia de las altas cumbres del Himalaya. Sin embargo esto no lo desanimó sino más bien todo lo contrario y a partir de ahí comenzó a pasearse por el mundo sumando credibilidad y prestigio. Las expediciones a montañas lejanas y sus impactantes aperturas en las paredes más difíciles y comprometidas de los Alpes son en este sentido sus mejores bazas.

En 1957, tras dejar atrás una amarga experiencia invernal en el embudo de la Poire, la famosa tragedia de Vincendon y Henry, Bonatti se adjudica la primera al Grand Pilar d\’ Angle con su amigo Toni Gobbi. La hoy codiciada “Bonnatti/Gobbi” de la norte de l´Angle. Un Angle cuyas heladas y verticales paredes concentran en su opinión las mayores dificultades de escalada que uno pueda encontrar en los Alpes; terreno mixto, pendientes incrustadas de nieve inestable y placas verglaseades a menudo en extraplomo conforman el grandioso escenario en el que el italiano se mueve como pez en el agua. Al año suiguiente, 1958, intenta sin éxito el por aquel entonces inexplorado Cerro Torre en Patagonia y en abril de aquel mismo año deja para la historia la primera absoluta al formidable Gasherbrum IV (7.925 metros). Una excepcional y dura escalada con Carlo Mauri en una de las montañas mas difíciles y deseadas del mundo de la que afirmó que estaba hecha para retar y provocar a gente como él.

Lejos de apaciguar su actividad, en 1959 logra importantes escaladas como la primera solitaria a la codiciada “Major” al Mont Blanc o dos nuevas aperturas en el Mont Maudit pero la escalada que aquel verano adquiere mayor relevancia es, sin lugar a dudas, la primera al dificilísimo Pilar Rojo del Brouillard con Andrea Oggioni. Un elegante y majestuoso pilar de granito rojizo por cuya arista se alcanza la cumbre del Mont Blanc. Una escalada que nunca habria emprendido de haber sabido las dificultades que encontró.


En invierno de 1961 cae la primera invernal de la Sentinelle Rouge de la Brenva con Gigi Panei, y tras una exitosa expedición a los Andes del Peru con la primera absoluta al difícil Rondoy Norte (5.820 metros) se embarca en la conquista del Pilar Central del Frêney, una imponente y aislada pilastra de granito vertical en la vertiente este del Mont Blanc cuya delicada y larga aproximación es ya una ascensión en si pero inesperadamente la escalada termina con uno de los mayores dramas del alpinismo en el que su amigo Andrea Oggioni y tres alpinistas franceses dejan la vida al ser sorprendidos por una tormenta en la “Chandelle”. Bonatti sale vivo por los pelos.

Una vez repuesto del drama del Pilar Central Bonatti ofreció su cuerda a Cossimo Zapelli, un joven de Viareggio a quien años más tarde desataría desilusionado por el ingreso de este en la Sociedad de Guías de Courmayeur pero hasta entonces pocas paredes pudieron resistir el empuje de esta fenomenal cordada.

Todo son grandes vías, si prestigiosa es la poco frecuentada “Bonatti/ Zapelli” o “Directa” del Freney; una elegante vía de 800 metros de longitud entre el Pilar Central y la cresta de Peuterey que alcanza directamente la cima del Mont Blanc, codiciadas son las célebres “Bonatti/Zappelli” de l´Angle.Vias míticas donde las haya. ¿Quién no ha oído hablar de ellas? Del 21 al 22 de junio de 1962 abren la resbaladiza cara norte, una vía de 900 metros considerada durante algún tiempo la vía más difícil de los Alpes Occidentales y en otoño de 1963 se encajonan de nuevo en la verticalidad de esta soberbia pared y entre el 11 y 12 de octubre se adjudican su segunda apertura recorriendo la soleada y compacta pared este. La tercera obra de Bonatti en el fantástico escenario del Pilar d\’Angle. ¿Cabe añadir algo más?

A modo de despedida, en enero de 1963 Bonatti y Zapelli se adjudican la primera invernal de la célebre “Walker” de las Grandes Jorasses, es la conquista en invierno de la “norte imposible”.

Ya no volverán a escalar juntos y años más tarde Bonatti lamentará profundamente la muerte del amigo Zapelli en un accidente de montaña. Es entonces cuando Bonatti busca otros compañeros de viaje y critica abiertamente el uso de helicópteros y el buril de expansión en las montañas. “Siento tal disgusto por la mediocridad creciente en el alpinismo que me juro a mí mismo erigirme en paladin de la tradición”.


En 1964 intenta sin resultados satisfactorios la primera solitaria a la cara norte del Eiger, un fracaso del que parece redimirse junto a su amigo ginebrino Michel Vaucher con la apertura de la admirada y poco repetida “Bonatti/Vaucher” al peligroso espolón Whymper de las Grandes Jorasses. Alpinismo puro y duro para rubricar el primer ED sup. de la historia en una pared que en su opinión representa “El ultimo y digno baluarte de un gran alpinismo tradicional”. A pesar de todo, estas escaladas no son suficientes para ganarse el reconocimiento de una parte importante de la sociedad alpina italiana que lo trata con cierto resentimiento, prueba de ello es el artículo que con motivo del décimo aniversario de la primera ascensión al K2 aparece en un periódico en el que un periodista tilda a Bonatti de traidor, mentiroso y ladrón.

El italiano presenta en los tribunales una querella por difamación que ganará dos años más tarde, con una disculpa pública y una indemnización, pero es demasiado tarde, esta incomprensión le afectará profundamente.

En pleno invierno de 1965 desacredita definitivamente a todos sus criticos con la apertura en solitario invernal de una “diretissima” en la quebradiza pared norte del Matterhorn tras cinco días de escalada, cuatro vivacs y un frío insoportable en una de las montañas más famosas del mundo. Es la famosa “Bonatti” y su “Travesia degli Angeli”, con la que inesperadamente, el gran Walter Bonatti con 35 años de edad y en la cima de la gloria, cansado de un alpinismo envilecido, que lo atacó sin descanso durante toda su carrera, se va. “Veo al alpinismo cansado, mediocre e incomprensible.”
Es su adiós al alpinismo.

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